Cada día escuchamos más la palabra “soy intolerante” y, junto a ella, el gluten o la lactosa son las más comunes. ¿Qué significado tiene esto? ¿Por qué lo oímos cada vez más? Las intolerancias no es algo nuevo, pues 400 años a.C., el mismo Hipócrates ya identificó la intolerancia a la lactosa sin embargo, los síntomas que producía no se han descrito hasta hace unos años. A eso le sumamos que,  con la evolución, nuestra nutrición ha cambiado pasando de ser escasa y sin procesar a ser abundante y procesada.  ¿Qué consecuencia tiene esto? Nuestros intestinos necesitan adaptarse a este cambio y hay veces  en las que no absorben bien un alimento por lo que se inflaman y producen hinchazón de barriga entre otros síntomas.

¿Cómo saber si tienes intolerancias alimentarias?

Antes de empezar con el tema en cuestión, me gustaría aclarar una serie de conceptos importantes:

¿Qué tienen en común las intolerancias y las alergias a un alimento?

Ambas son reacciones adversas a los alimentos, es decir, una reacción que produce nuestro cuerpo ante la ingesta de un alimento. Sin embargo, en las alergias  interviene el sistema inmunológico mientras que en la intolerancia no. Por esta razón una persona alérgica a las nueces no puede tomarlas ya, que una cantidad pequeña de este fruto seco podrá provocarle hinchazón de cara, hormigueo e incluso, si no se trata, una anafilaxis donde entra en juego el sistema circulatorio y respiratorio pudiendo llegar a la muerte. En la intolerancia no interviene nuestro sistema inmune, por lo que en el caso de la nuez podemos comerla pero nuestro intestino no la absorberá y lo más probable es que nuestro cuerpo reaccione con hinchazón y gases.

Entonces, ¿Por qué se producen las intolerancias?

Una vez que tenemos claro que en la intolerancia no interviene el sistema inmune, podemos clasificarlas en diferentes tipos:

  • Enzimática: está relacionada con un déficit de enzimas, como por ejemplo la lactasa. Más de un 70% de la población tiene intolerancia a la lactosa, y no es casualidad, todo tiene una explicación. La lactasa es la enzima encargada de digerir la lactosa, es decir, “la rompe” convirtiéndola en dos azúcares, glucosa y galactosa. Si no tenemos suficiente lactasa, la lactosa no puede digerirse, acumulándose en el intestino y provocando inflamación ente otros. Esta intolerancia es común en adultos porque nuestro organismo deja de producir lactasa debido a que no está hecho para beber leche (como cuando somos pequeños).
  • Farmacológica: la composición de los alimentos es muy importante, y en este punto es donde entra en juego este tipo de intolerancia. Un ejemplo de ello es la histamina, seguro que al escuchar esta palabra la asocias con alergia, y es que los procesos alérgicos se suelen tratar con fármacos antihistamínicos. Sin embargo, hay alimentos ricos en histamina como el tomate, las espinacas o la col. Si al consumir estos alimentos te duele la cabeza o notas cambios en el tránsito intestinal, probablemente tengas una intolerancia alimentaria debido a la histamina.
      • Indeterminada: este es el tipo de intolerancia más común en los alimentos procesados, ya que lo que la causa son los aditivos y conservantes que contienen.

        Una vez explicado en qué consiste una intolerancia y los tipos que hay, ¿cómo podemos saber si las padecemos?

Asegúrese de que no ha comido nada en mal estado
Cuando preguntamos a un  paciente, ¿por qué cree que tiene intolerancias? La respuesta más común es: “tengo la barriga hinchada, gases, tránsito intestinal acelerado…” efectivamente estos son los síntomas más comunes, por lo que siempre que presenciemos alguno de ellos, debemos hacer memoria acerca de lo que hemos comido, cómo lo hemos cocinado y si había algo en mal estado. Todo es importante, desde la calidad del producto que elegimos hasta la cocción, si al hacer nuestra valoración todo está correcto debemos pasar al siguiente paso: preguntar a nuestros progenitores.

Pregunte a sus padres si también les pasa a ellos…puede ser de origen genético

“Cada vez que bebo leche tengo que ir al baño, creo que soy intolerante porque siempre la consumo en buen estado y he probado distintas variedades de leche.” En este punto, es bueno preguntar a tu familia si a ellos también les sienta mal la leche ¿por qué? En casi todas las intolerancias hay un componente genético, de hecho en la intolerancia a la lactosa podemos encontrar varios tipos:

      • Déficit congénito de lactasa: en este caso, el bebé recién nacido ya sufre intolerancia a la lactosa por lo que el paso a seguir es tratarlo con leches especiales.
      • Intolerancia secundaria: esta es la más común, suele aparecer en adultos y se debe a un déficit de la enzima lactasa por diversos motivos (alguna enfermedad, fármaco o componente genético).

    Hemos mencionado el ejemplo de la lactosa porque es el más común, pero sucede lo mismo con todos los tipos de intolerancia, como la fructosa o el gluten donde determinados genes pueden ser los responsables de que se produzca la intolerancia.

    Monitorice lo que come y elimine lo que le hace daño

    Qué fácil parece, ¿verdad? Y más si tenemos en cuenta que a lo largo de nuestra vida se calcula que consumamos sobre unas 100 toneladas de alimentos. Además cada día tenemos más variedad en el mercado, donde aparte de alimentos, tenemos que incluir las diferentes salsas, bebidas, aditivos… como hemos dicho anteriormente ¡Todo cuenta! Por esta misma razón, es probable que un zumo de naranja comprado en el súper te pueda sentir mal, y uno hecho en casa no, ya que el de casa solo va a llevar naranja, mientras que el del súper llevará una gran cantidad de aditivos y conservantes. En este caso tu intolerancia no sería a la naranja en sí, si no que será a algún aditivo que lleve ese zumo. Por lo tanto es importante no generalizar y anotar en nuestro informe diario todo al dedillo.

    Pongamos otro ejemplo: los berberechos. Si al ver nuestra recopilación de alimentos nos damos cuenta de que los berberechos nos sientan mal tanto frescos como enlatados nos encontramos con el caso contrario al zumo, somos intolerantes al berberecho en cualquier modo de cocinado y preparado.

    Test de intolerancia alimentaria

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    Coger un papel, hacer recordatorio de las comidas del día, ingredientes y modo de cocinado puede ser un trabajo engorroso, pero es el primer paso para darnos cuenta de cuál puede ser ese alimento que nos esté sentando mal. ¿Qué ocurre si no lo descubrimos? ¿Puede ser que no solo se trate de uno y sean varios?

    Si es persistente la causa más probable: intolerancia alimentaria.

             Como siempre digo, nuestro cuerpo es sabio y nos manda señales cuando algo no va bien. En el caso de una intolerancia puede ser desde la presencia de gases, barriga hinchada o diarrea hasta problemas de piel o dolor de cabeza.  Y te preguntarás, ¿cómo algo que ocurre en el intestino puede afectar a la piel o a la cabeza?  Un fallo que solemos cometer no considerar el cuerpo como un TODO, lo más común es enfocarnos en un órgano o sistema pero si éste no funciona, se reflejará en otro. Por ejemplo, supongamos que tenemos intolerancia al gluten y no lo sabemos, a priori el intestino se inflamará, tendremos diarrea e hinchazón abdominal. Debido a que no digerimos el gluten, el intestino inflamado  provocará un déficit en la absorción de alimentos,  promoviendo la aparición de anemia, retraso en el crecimiento e incluso a nivel del sistema nervioso síndromes como hiperactividad y déficit de atención. En resumen, nuestro cuerpo nos da señales cuando algo va mal y no funciona y tenemos que estar atentos a esos síntomas, una simple intolerancia no tratada puede ser la causante de la mayoría de los problemas de salud que padezcas.

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    Para acabar me gustaría hacerlo igual que he empezado el artículo, con Hipócrates, en este caso con una de sus frases más famosas: “Que la comida sea tu alimento, y el alimento tu medicina.” No esperes a averiguarlo, notarás un antes y un después en tu vida.